Aura Xilonen
Una habla de cómo le va en la feria, y este siglo es chingón para nosotras
07-11-2016

a Lize, Rowan, Eline y Siham por el gusto de compartir lo etéreo y darle forma

La entrevista de Jelko Arts comenzó con: “supe que vienes de México y que eres la más joven, ¿cuál es tu relación con otros escritores de México?” Le dije que todos eran como viejitos para mí, así que en realidad no sabía cuál era. Después pasó Lize Spit, me gusta mucho su acento cuando habla inglés. Fue muy divertida. Creo que dijo que había personas que le decían que su libro era muy ¿flamenco? Luego Rowan Hisayo Buchanan, ella se me hizo muy humilde, siempre agradeciendo como cerrando los ojos, además, tiene una voz muy bajita y tierna. Recuerdo que dijo que era un hombre quien estaba hablando, así que debíamos imaginarnos una voz más gruesa. En cuarto lugar Eline Lund, siempre muy sofisticada y muy recta. Ella es más seria que las demás pero nos llevamos muy bien, sólo parece seria pero no lo es. Su libro trata sobre el pensamiento interior de una chava que llega a una ciudad nueva y se supone debe trabajar pero termina haciendo nada. Es su segunda novela. Al final pasó Siham Amghar, ella es una chava que está luchando por los derechos de las mujeres. Ella es la única poeta del grupo y su traductora no sabía que iba a traducir poesía al inglés así que eso nos causó mucha curiosidad, creo que no consiguió la musicalidad del original pero sí logró una buena traducción. Yo no le entendí nada al poema pero Myrthe me dijo que era muy bonito, muy maternal.

Mientras ellas leían y se apoderaban del mundo creando nuevos mundos, yo las miraba alelada, absorta, gravitando alrededor como una polilla frente a su luz, pensando que este siglo nos pertenece a nosotras, las mujeres (por supuesto que yo no lucho contra los hombres, pero si no me dejan pasar cuando estoy en mi derecho, les pongo el ojo morado. Porque somos iguales en nuestras diferencias, hombres y mujeres, como dos planetas que comparten un mismo sistema solar y la gravedad nos une o nos separa).

Tampoco soy melodramática, ni sentimentalista, casi nunca lo he sido, pero al día siguiente, después del último desayuno juntas en el hotel, cuando nos estábamos despidiendo las unas de las otras porque debíamos regresar de donde vinimos, y cuando nos abrazábamos fuerte, sentí la nostalgia agobiadora del final.

Así que pienso que las despedidas siempre deberían ser al último, en la última página del libro y siempre hasta abajo, casi invisible ese adiós, como las despedidas que se dicen los enamorados o los suicidas porque saben que nunca más volverán a verse, nunca más regresarán a ser lo mismo que fueron.

Y deben ser al último, porque todas las despedidas son tristes, por lo menos para mí, porque decir adiós es dejar ir a las personas y sólo sostenemos pequeños trozos de ellas en nuestra memoria. En esa memoria que se estira y afloja y que algún día se volverá humo como nuestros cuerpos. En esa memoria del instante, de las cosas que acaban de pasar y que en el fondo sabemos que jamás se repetirán.

Nunca más estaremos juntas otra vez en el mismo lugar al mismo tiempo, lo puedo apostar.

Esto me causa tristeza como la lluvia melancólica cuando no deja de caer y siento que el tiempo ha dejado de pertenecerme.

Y mi corazón se ha partido porque me he enamorado a primera vista y debo partir hacia Amsterdam.

Me enamoré de cada una de las personas que conocí en el CBF, porque el amor es tan exacto que pulula a destiempo de nuestros deseos, de nuestros impulsos, de nuestro ir y venir por el universo.

Nota aparte: Antes de la entrevista tuve una comida con mi editor holandés Koen y mi editora italiana Giovanna. Tan gentiles conmigo. Muchas gracias por la chamarra y por la portada de mi libro “Campione Gringo”. Algún día contaré lo que me contaron y que fue maravilloso. Por lo pronto, mi corazón papalotea a chorrocientos mil kilómetros por hora. :) @AuraXilonen

Alle verhalen van Aura Xilonen
18-11-16

a mi familia y amig@s tod@s

*

Hace días finalizó el Crossing Border Festival 2016 y aún me queda el sabor de su música y sus letras. Las calles y el ajetreo. La amabilidad y el desparpajo de ser, serenos y divertidos, los holandeses. Su inteligencia y la buena voluntad con el prójimo. Comprendí que la poesía puede florecer a la vuelta de la esquina, entre los árboles y las playas, donde fuimos, y el viento que nos jalaba los pelos. Y la brújula de las nubes y la lluvia. Y el mar, que se extiende, y los canales, que se bifurcan. Y las bancas frías y las iglesias. Las velas.

*

La Haya.

*

Y las horas que se van, y las trato de detener, de memorizar, de imprecarlas eternas entre las páginas blancas de mi diario de viaje, pero el tiempo ahí va, insolente, deslizando su alma derretida entre los segundos que no volverán.

*

Estoy a días de regresar a mi hermoso, aunque trágico país, México, y aún sigo maravillada por Holanda. Y aunque me ha dado un gripón de muerte, miro la lluvia a través de las ventanas de esta hermosa Casa de Traductores en Ámsterdam y sonrío, y mi vaho se vuelca sobre el cristal y dibujo un corazón humedecido por mis labios. Ya hace días que he dejado La Haya para venir a quedarme aquí, entre mis amigos Peter Bergsma, Myrthe y Maud.

*

En Ámsterdam me entero de que Trump ganó las elecciones en USA y todos sentimos que el mundo ha perdido algo, tal vez la inocencia de que se pueden construir mundos mejores, porque parece que la barbarie es la moneda de cambio actual de los irracionales, aquellos que votan con el hígado y no con la razón. El sentimiento es generalizado: «¡Pobre mundo! ¡Qué pena! ¡Ahora los pobres, los desprotegidos, los abandonados de siempre tendrán que echarle la mano a los que más tienen, en un mundo al revés! ¡Qué tragedia!»

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No todo está perdido. Me entero que hubo muchas manifestaciones de rechazo en USA al odio de Donald Trump, bajo la misma bandera universal de la justicia y la dignidad, porque nunca nos dejaremos y de aquí, en el breve, brevísimo tiempo de estancia en esta Tierra, me llevo los cromosomas más certeros de mi juventud:

Siempre velar porque no se cometan injusticias.

Levantar la voz cuando algo no nos parece.

Jamás hacerle daño a otra persona.

Proteger a los ancianos y a los niños.

No permitir el abuso de ningún tipo.

Ser responsables con nosotros y el medio ambiente.

Mantenerse fiel a la conciencia limpia.

Indignarse ante la barbarie y el atropello.

Luchar por todos los medios, sin miedo, para que la esperanza nunca muera.

Usar más bicicletas.

*

El mundo gira, y en su vaivén, a veces nos tira, pero jamás nos despoja del humor para aguijonear lo que nos duele. Los memes deben ser una rama del arte circense, pienso, para abollar la hipocresía de las personas.

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Hoy 9 de noviembre mi abuelo cumple tres años de haberse ido. Quizá ande navegando por ahí, en el mar del norte, donde arrojé una conchita marina y pronuncié su nombre, a la orilla de la playa, en esa agua tan fría. Le prendo una vela para que encuentre el puerto a casa, al corazón de nosotros. Mi abuelita me lo pidió: «Le prendes una vela, nena, quizás en un teatro, porque él tuvo el alma de músico, poeta y loco» De juglar, como los pájaros que brillan al alba. «Abuelo, ¿sabes que te extraño tanto?» La banca está fría así que entro a una iglesia para guarecerme de la lluvia.

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Leí en holandés y aprendí malas palabras en francés. Trabajé con mis amigas traductoras, mis espejos sobre la claridad de la invención.

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Camino por Ámsterdam. Llega San Nicolás por el río, se cantan canciones. Visito las comidas, las cenas, los alimentos que me mantiene en pie. Veo los precios de la ropa y me parecen carísimos. Yo vengo del mundo de la pobreza, del hambre. Y miro los precios y cuento mis monedas. No, hoy iré caminando a todas partes. Porque aquí todo está cerca aunque me tarde tres días.

*

Entre Amsterdam, Ultrecht y el maravilloso pueblo de Myrthe soy feliz. Sus padres son maravillosos, fabulantásticos. Enfermo y me cuidan como a una hija. Me enamoro de ellos.

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Abro mi correo moqueando por la tos y las tormentas de mi nariz y Clara Stern, mi ángel de la guarda en México, me informa que mi libro se publicará también en polaco. Estoy feliz. En otros correos me invitan a colaborar en una revista y a escribir un artículo para la prensa en USA. También se está planificando mi retorno a Holanda y Bélgica para marzo, después de visitar París y Arles en enero. Me han invitado a Perugia y a Milán. Para agosto estaré en Polonia en un festival. Jamás creí, como dije en mi primera crónica, que por escribir yo pudiera recorrer el mundo y recibir tanto de tantos.

*

Gracias por invitarme, dejarme quedar y regalarme su amistad..

Tot ziens en veel geluk!!!**

Noviembre 18, Ámsterdam. 2016.

@AuraXilonen

07-11-16

a Lize, Rowan, Eline y Siham por el gusto de compartir lo etéreo y darle forma

La entrevista de Jelko Arts comenzó con: “supe que vienes de México y que eres la más joven, ¿cuál es tu relación con otros escritores de México?” Le dije que todos eran como viejitos para mí, así que en realidad no sabía cuál era. Después pasó Lize Spit, me gusta mucho su acento cuando habla inglés. Fue muy divertida. Creo que dijo que había personas que le decían que su libro era muy ¿flamenco? Luego Rowan Hisayo Buchanan, ella se me hizo muy humilde, siempre agradeciendo como cerrando los ojos, además, tiene una voz muy bajita y tierna. Recuerdo que dijo que era un hombre quien estaba hablando, así que debíamos imaginarnos una voz más gruesa. En cuarto lugar Eline Lund, siempre muy sofisticada y muy recta. Ella es más seria que las demás pero nos llevamos muy bien, sólo parece seria pero no lo es. Su libro trata sobre el pensamiento interior de una chava que llega a una ciudad nueva y se supone debe trabajar pero termina haciendo nada. Es su segunda novela. Al final pasó Siham Amghar, ella es una chava que está luchando por los derechos de las mujeres. Ella es la única poeta del grupo y su traductora no sabía que iba a traducir poesía al inglés así que eso nos causó mucha curiosidad, creo que no consiguió la musicalidad del original pero sí logró una buena traducción. Yo no le entendí nada al poema pero Myrthe me dijo que era muy bonito, muy maternal.

Mientras ellas leían y se apoderaban del mundo creando nuevos mundos, yo las miraba alelada, absorta, gravitando alrededor como una polilla frente a su luz, pensando que este siglo nos pertenece a nosotras, las mujeres (por supuesto que yo no lucho contra los hombres, pero si no me dejan pasar cuando estoy en mi derecho, les pongo el ojo morado. Porque somos iguales en nuestras diferencias, hombres y mujeres, como dos planetas que comparten un mismo sistema solar y la gravedad nos une o nos separa).

Tampoco soy melodramática, ni sentimentalista, casi nunca lo he sido, pero al día siguiente, después del último desayuno juntas en el hotel, cuando nos estábamos despidiendo las unas de las otras porque debíamos regresar de donde vinimos, y cuando nos abrazábamos fuerte, sentí la nostalgia agobiadora del final.

Así que pienso que las despedidas siempre deberían ser al último, en la última página del libro y siempre hasta abajo, casi invisible ese adiós, como las despedidas que se dicen los enamorados o los suicidas porque saben que nunca más volverán a verse, nunca más regresarán a ser lo mismo que fueron.

Y deben ser al último, porque todas las despedidas son tristes, por lo menos para mí, porque decir adiós es dejar ir a las personas y sólo sostenemos pequeños trozos de ellas en nuestra memoria. En esa memoria que se estira y afloja y que algún día se volverá humo como nuestros cuerpos. En esa memoria del instante, de las cosas que acaban de pasar y que en el fondo sabemos que jamás se repetirán.

Nunca más estaremos juntas otra vez en el mismo lugar al mismo tiempo, lo puedo apostar.

Esto me causa tristeza como la lluvia melancólica cuando no deja de caer y siento que el tiempo ha dejado de pertenecerme.

Y mi corazón se ha partido porque me he enamorado a primera vista y debo partir hacia Amsterdam.

Me enamoré de cada una de las personas que conocí en el CBF, porque el amor es tan exacto que pulula a destiempo de nuestros deseos, de nuestros impulsos, de nuestro ir y venir por el universo.

Nota aparte: Antes de la entrevista tuve una comida con mi editor holandés Koen y mi editora italiana Giovanna. Tan gentiles conmigo. Muchas gracias por la chamarra y por la portada de mi libro “Campione Gringo”. Algún día contaré lo que me contaron y que fue maravilloso. Por lo pronto, mi corazón papalotea a chorrocientos mil kilómetros por hora. :) @AuraXilonen

05-11-16

a DBC Pierre, y, con mucho cariño, a mis queridos traductores Myrthe Van Der Bogaert, Noel Hernández, Lisa Thunnissen, Andrea Rosenberg, Julia Chardovoine, Susanne Lang y Bruno Arpaia.

Patty Jansen me presentó en la Humanity House dentro del CBF, dijo mi biografía y pasé al asiento SOLITA (había tres asientos pero ni Patty ni Eline se sentaron, lo cual fue muy raro) entonces me senté y dije en inglés: “Hola, pueden decirme Xilo si gustan, voy a leerles el inicio de mi novela y espero que lo disfruten aunque no entiendan nada”, entonces se rieron.

(Al regresar al hotel iba reflexionando sobre la charla de DBC Pierre, donde dijo que sus primeras obras eran horribles porque siempre pensaba en el lector y lo que quería, y sólo cuando él dejó de hacerlo, sus novelas salieron decentes, sólidas y auténticas. Ahí me pregunté: ¿para qué escribir fácil y sencillo si casi nadie nos lee, no sería mejor escribir difícil y complicado para que nunca nos lean esos que buscan el facilismo literario y lo exaltan?, total, ¿nos hacen falta? ¿para escribir mejor?

En el mundo se leen muy pocos libros a pesar de qué se escribe y se lee más que en cualquier época de la humanidad con la invención de las redes sociales (creo que la literatura debe ser de largo aliento en tanto lo que se escribe y se lee en internet apenas son suspiros, como cantos de cisnes revueltos con aleteos de moscas). Aquí me refiero a leer libros enteros, porque en internet, a las tres o cuatro páginas ya cambiamos de link y nos dispersamos en otros temas.

Cuando gané el premio Mauricio Achar elogiaron mi novela por “la experimentación en los planos del lenguaje”. Pero apenitas hoy 5 de noviembre me mandaron un link donde hablaban de mi Campeón Gabacho y uno de los ponentes dijo que todavía no había nacido el gran crítico para mi obra, porque su generación antigua, arcaica, viejita, ya no estaba capacitada para entender mi literatura, que sólo los jóvenes eran los únicos que podrían hacerlo. Tiene razón. En mi obra critico las novelas viejas que son guangas, sin vida, atascadas de gusanos muertos y donde las palabras decentes, inanimadas, son similares a las mismas palabras usada por toda una generación de novelistas que hacen del facilismo su modo de escritura. Nunca le apuestan a palabras distintas porque no se venden. Piensan, como pensaba DBC Pierre cuando era joven, en el mercado y lo que el lector quiere leer. Así el arte se vuelve artesanía y los escritores se convierten en escribanos de la mediocridad. Hoy me doy cuenta de que la mayoría de la generación adulta de mi país les falta valor para apostarle a cosas difíciles, al abismo de inventar su propio estilo, tienen miedo a gritarle al mundo “porque es de mal gusto”. Exaltan y premian el arte que no se sale del canon, ese arte que es bonito, digerible y que se puede vender bien a pesar de que hablen de muerte y destrucción. DBC Pierre lo dijo más claro por la mañana: En UK no quieren obras donde no pase nada porque no se venden.

El mercado lo es todo.

Y, a pesar de lo difícil y complicado de mi mundo palabresco, los derechos de mi novela fueron vendidos a cinco lenguas casi de inmediato: holandés, italiano, francés, inglés y alemán. Todavía sigo sorprendida y a la vez me inunda un agradecimiento infinito. Mi novela no es sencilla en el lenguaje. Todos mis traductores han sufrido con las traducciones y, por eso mismo, pongo mi corazón a sus pies.)

Cuando terminé de leer todos me aplaudieron (o eso creo, porque los holandeses son muy decentes). No supe si le habían entendido a mis palabras. Al bajar de la silla Lisa (mi traductora al holandés) me felicitó y me dijo que le había gustado la lectura y más la voz de la negra. Me sentí contenta, ahora sí, a pesar del posible resfriado que ando llevando a todas partes me dieron hartas ganas de mojarme bajo la lluvia… y el mar.

(Notas aparte: el Club Seven es como un antro pero con música rara y todos bailan muy bien. Una de las traductoras me dijo entre chanza y risa: “pero no te vayas porque quiero verte bailar salsa, jajjaja”, y le dije: “ah, yo no bailo salsa, jajajjaja”. No sabe que yo no bailo en público, y la salsa, sólo la como en los tacos al pastor. 🙂

04-11-16

Estoy en La Haya para el Crossing Border Festival y muero de frío. Los pensamientos se me congelan y por la mañana casi fenezco atropellada por una bicicleta* (aquí todos andan para todas partes como si se tratara de una reacción termonuclear bicicletuna, donde todos atraviesan las calles por todas partes para fisionarse con el paisaje y su frío termogélido). Por la noche tuve una cena donde concí en persona a Myrthe y a Noel, mis extraordinarios traductores. También conocí a Elinor y a Rivkah, mis espléndidas anfitrionas. En la mesa todos somos muy jóvenes (autoras, traductores y anfitrionas), perecemos apenas salidos del cascarón y al principio parecíamos muy serios, quizás la falta de confianza, o, quizá, la falta de un poco de vino para soltar las risas a diestra y siniestra, como la risa esponjosa que solté cuando Myrthe me contó que le dan miedo todos los animales, incluso su pez: no le mete el dedo porque tiene miedo de que salte y la muerda, arf, arf, arf. Me dijo que deseaba estudiar violín cuando era niña pero su padre le dijo que no, porque eran 7 años de puro ruido, entonces decidieron que estudiaría piano (cosa rara, porque su papá es baterista, y la batería, por más pianísimo que se quiera, siempre produce ruido). Hablamos también de política, donde ven con malos augurios que exista un candidato como Donald Trump y coinciden en que esta elección estadounidense tiene una importancia capital para el mundo y yo pienso que en especial para mi país, porque hay un dicho que dice: ¡pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos! Se dice por ahí que si Estados Unidos estornuda a México le da una pulmonía de muerte. Y lo más preocupante es que esta elección viene enebrada en un discurso de odio racial. Hitler lanzó su odio y desató millones de muertes.

Los bombardeos en Siria han provocado que miles de migrantes salgan huyendo de su país. Todo el mundo recuerda la imagen del niño ahogado en la playa, esa imagen muestra el deterioro de la solidaridad humana. Hace poco el Reino Unido votó para salirse de la comunidad europea con el Brexit. Y leí que votaron a favor de salirse aquellos que defienden a toda costa su territorio bajo el argumento de que los migrantes usurpan, entre otras cosas, los puestos de trabajo de sus jóvenes británicos. Soy joven y ser joven jamás ha sido sinónimo de estupidez y por eso me preocupa la campaña de odio que inunda a todas las sociedades del mundo, sobre todo contra los más desprotegidos, los más indefensos. Me horroriza el odio de Donald Trump al decir: “México sólo envía a USA drogas y violadores”. ¡NO!, el mundo no debe ser hecho a imagen y semejanza de los tiranos sino que, en vez de muros, se deben construir puentes para el entendimiento humano. Sólo el diálogo debe ser el primer y único punto de partida para que las fronteras no sean abismos de muerte sino puentes de esperanza. Y hoy me pregunto, en esta fría madrugada holandesa: ¿no será el arte el verdadero puente para que las fronteras se borren, para  que se crucen, para que naveguemos hacia todos los puertos sin naufragar como especie? ¿Acaso la utopia máxima del ser humano sería que nuestra política mundial sea a través de la cultura artística? ¿No sería un mundo maravilloso si en vez de rifles y discursos políticos se construyeran guitarras y se cantaran canciones? Por lo pronto, este festival es el mejor puerto donde he embarcado y hoy, con guitarras, bicicletas, baterías, violines, pianos, letras y frío habremos de navegar muchísimo mejor.

*Esto no significa que me disgusten las bicicletas, al contrario, amo las calles holandesas llenas de biclas que, a diferencia de mi país, están atiborradas de autos y esmog.

20-10-16

“No, señorita, no le podemos dar su pasaporte porque no sabemos si usted es usted.”

Mientras escribía mi novela Campeón Gabacho nunca pensé que tiempo después sería entrevistada en radio y televisión, ni que tendría que dar charlas y conferencias en foros y universidades, o que escribiría discursos para presentaciones de libros en ferias literarias, mucho menos que iría a otro país, a los veinte años, para ser cronista de un festival de música y literatura. Y todo porque desde niña siempre fui tímida y pensaba que con escribir podría decir tantas cosas como si hablara. Sé que escribir es un proceso más difícil y complicado que hablar, porque cuando hablamos podemos retractarnos de lo que hemos dicho y, al final, a las palabras se las lleva el viento.

Así pensaba en mi mundo secreto: yo me quedaba sentada en la fiesta para no tener que bailar en público. Pero al recibir la invitación para las crónicas del Crossing Border Festival la sangre me burbujó de felicidad y sorpresa. Nunca, ni en mi más remoto sueño, pensé que cruzaría el océano Atlántico de nueva cuenta. Además de que la sangre me burbujó también me ipsofacté en una terrible angustia porque la primera pregunta que me vino a la cabeza fue: ¿debo prepararme para escribir cosas interesantes, cultas, soberbiufanadas, relevantes o viajar como muchas veces he viajado en la vida, sin alto perfil, como un fantasma, como una sombra?

Quizás por eso mi primera novela publicada trata sobre un migrante, un ser marginal, un ser que ha sido expulsado de su país de origen y que va buscando, en cualquier otra parte, el sueño de una vida mejor.

Con esta idea en mente, me di valor y contesté la invitación:

“Sí, sí voy al Crossing Border Festival” mientras en mi interior gruñía otra pregunta: ¿qué terror siente una persona que viaja a otro país y no conoce ni  el idioma ni las costumbres ni la cultura?

Desempolvé mi viejo pasaporte y llamé a la Secretaría de Relaciones Exteriores:

“Señorita, su cita es dentro de un mes”.

“Ok.”

Después del mes, y de una fila larguísima, un malencarado funcionario público me espetó:

“Su pasaporte ha sido revocado, debe comenzar el trámite desde cero porque no sabemos quién es usted”.

Cuando era niña mi madre nos llevó a mi hermano y a mí a Alemania y allá, por la perdida de los boletos de avión, tuvimos que quedarnos como migrantes indocumentados por casi dos años, porque, desafortunadamente, no teníamos el recurso para retornar a México. Entonces, cuando por fin nos repatriaron, me expidieron un pasaporte desde Alemania que no había sido ingresado al sistema de Relaciones Exteriores de México y por ese motivo tuve cuatro meses de dificultad técnica donde yo no sabía quién rayos era yo.

Un migrante que desea viajar legalmente a otro país se enfrenta a todos los obstáculos del mundo: el dinero, los pagos y trámites, así como errores tipográficos y la pérdida de horas-vida, incluso, si una sonríe en el pasaporte ya la están regañando: “No sonría”, dicen enojados. Ir legalmente a otro país es una pesadilla en trámites y más para las personas de escasos recursos económicos. Viajar para las personas más humildes es una tarea imposible. A mí me tuvieron cuatro meses en el limbo.

Ir a otro país sin conocer nada, como millones de migrantes en el mundo, es ver a través de los ojos de fantasmas y más ahora que se acercan la elección estadounidense, donde el candidato ultra xenófobo Donald Trump ha vuelto criminales a los migrantes latinoamericanos y, con su odio, asesina toda esperanza de construir puentes para cruzar fronteras.